domingo, 3 de mayo de 2009

El libro de los amores ridículos

Hace unas dos semanas Wins y yo asaltamos (un tanto escuetamente, ya saben la crisis mundial -y ahora la influenza-) la librería Gonvill, la que está en Plaza Real, muy cerquita de donde está la bandera del Obispado. Traía en la mente desde ya algún tiempo de hacerme de algún libro de Milan Kundera -pensando en el título La insoportable levedad del ser- y fue lo que anduve buscando pero no estaba. Encontré éste otro -El libro de los amores ridículos- y el título describe bien su contenido.
Kundera se enfoca en situaciones intangibles. Sus palabras pasan de lado los paisajes o lugares de ambientación. Tienes que usar tu imaginación. Te dice algo general, y lo demás, lo tendrás que completar tú. Ah, pero es majestuosa la forma en cómo aborda la psicología de la gente cuando se sumerge en una relación sentimental.
Por medio de siete historias -las cuales el lector puede leer como guste- te hace sumergir en situaciones donde el amor y la ridiculez son los protagonistas. Situaciones patéticas e irónicas que hacen incluso reír al lector. A mi gusto una muy buena comedia de humor negro.
¿Qué es lo ridículo? Para mí, es aquello que uno pretende que sea serio pero que al final resulta risible para los demás -porque quien hace el ridículo no siempre lo observa como tal-.

De las siete historias, las siete me parecieron muy buenas. He escogido la cuarta
Symponsion para transcribir un trozo de ella a medida de compartir, -que he transcrito en mi anterior post- y aunque todas las historias me gustaron por igual creo que es ésta la que más me hizo reír.
El contexto en el cual se desarrolla la historia es en un hospital y de noche. Los personajes son el doctor
Havel, la doctora, el médico jefe, Flajsman y por supuesto la enfermera Alzbeta. Están alegres y han sacado una botella de licor para amenizar el rato. Todo va bien hasta que Alzbeta se le insinúa una y otra vez a Havel -cosa que no era sólo de esa noche- y Havel a pesar de su fama de "arrazar con todas", no se le apetece la enfermera. Por otro lado, está el joven e inexperto en el amor, el doctor Flasjman, quién ingenuamente piensa que por un comentario deliberado de la doctora, ésta tiene interés por él. Sin embargo, también tiene presente que la doctora tiene un amor ilícito con el médico jefe -quién por supuesto está casado felizmente y tiene familia-. Por una situación trillada y banal, Flasjman se siente irritado con el médico jefe y empieza a descargar su ira contra la pobre enfermera Alzbeta, quien ya para ese momento de la noche tiene bastante alcohol encima y quiere hacer un striptease a Havel.
Quizás la única intensión de
Alzbeta en Havel es saciar sus instintos básicos, ya saben, cualquiera puede tener ganas de eso, ¿no?
Ah, pero la situación ridícula llega cuando por un accidente Alzbeta pierde conocimiento y todos piensan que se trata de un intento de suicidio, ya que todos, esa noche en particular, nadie la quiso tratar. Un suicidio por amor.
Havel, de gran ingenio le mete la idea a Flasjman, joven e ingenuo, que aquello que hizo Alzbeta fue por llamar la atención de él. ¡Y ridículamente Flasjman le cree!
Por otro lado, el médico jefe piensa que
Havel tiene la culpa de todo por habérsele negado a Alzbeta aunque no deja de lado que la culpa también la tiene la misma Alzbeta.
La única con cierta sensatez, -quizás por ser mujer- es la doctora, quien fijándose en los hechos, deduce la verdad de todo ese
enredo.

Vale la pena hacerse de este libro y disfrutar una tarde de sábado de su lectura, y claro acompañado todo de un buen café.

2 comentarios:

Wins Caballero dijo...

Amiga, creo que este tipo de libros te siguen, deberías de leer un giro diferente, no lo crees?

Minako Readman dijo...

ah por qué crees que estoy leyendo mis "Crónicas marcianas" de Ray Bradbury? XD

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