martes, 29 de diciembre de 2009

Kafka en la orilla

El nombre del joven quinceañero es Kafka Tamura. Claro, Kafka no es un nombre verdadero. Lo ha tomando del escritor que según Murakami su nombre traducido sería "cuervo". Kafka Tamura ha decidido abandonar su casa exactamente el día de su cumpleaños quince. Está harto de ese lugar. Su madre lo abandonó a los cuatro años, llevándose consigo a su hermana (quien era adoptada, en realidad). Se quedó con el cruel y despiadado padre: Johnnie Walken. Por supuesto, Johnnie no es su nombre en la vida real, sino el nombre en una dimensión que siempre va paralela a la nuestra de la cual a Murakami siempre le encanta ir. Este detallito de Murakami es como pasar de ver un documental sobrio a una película de George Lucas.
El padre de Kafuka lo ha maldecido, quizás despechado al ser abandonado por la mujer que amó. La maldición se centra en el aburrido complejo de Edipo: Kafuka tendrá que matar a su padre y aflojar con su madre, y no sólo eso, sino que también con su hermana. Ya sea en sueños o en la realidad, el lector sabe de antemano, que en un libro de Murakami siempre habrá sexo.

(Con Murakami nunca se llega a nada concreto, sólo te suelta un montón de situaciones, muy al estilo de los X Files, te llenan de intriga, pero sus libros terminan con "esto ha sido un Expediente Secreto más" es decir, nada se resuelve y el lector, es el que debe usar un poco el cerebro para pensar en lo que realmente pasó. Y bien, yo escribo esto basándome en mis propias conclusiones).
Total que, en otra vida Kafka Tamura fue la media mitad de la señora Saeki, es decir, de su propia madre. De joven, Saeki había encontrado la mitad de su alma faltante en un jovencito adinerado y que durante la guerra le terminan dando chicharrón. Muere y Saeki queda tan desconsolada que abandona todo y así misma. Desde los 20 años hasta su muerte sólo ha vivido de sus recuerdos. Un largo epígrafe, así dice ella misma.
Guiado Kafka por esa alma de una vida pasada sostenida en sus entrañas, dirige sus pasos a Takamatsu, justamente hasta la biblioteca privada que fue de los padres del novio asesinado de Saeki. Es aquí mismo que la señora Saeki trabaja como directora. Por supuesto, que ella también era pesuda y pues no necesitó así como que trabajar como asalariado. Y en la biblioteca pues ella se la pasaba escribiendo sus miles y miles de memorias que en caso de ser leídas el lector comprendería los pequeños detalles confusos del libro; pero por supuesto que no es así: sus memorias después son quemadas y ya nadie sabe ni qué pedo con ellas.
En el trayecto de Nakano, donde vivía Kafka con su padre, hasta Takamatsu, el jovencito fuerte y varonil, conoce a Sakura, una chica que de buenas a primeras siente simpatía por el chico y que por supuesto, lo invita a dormir con ella. Aquí, yo no sé si en verdad Sakura era la hermana del quinceañeros porque pues no hay ningún indicio suelto. Sakura tiene su familia nuclear, y queda descartado que haya sido la hermana de Kafka. Pero eso no importa, quizás, porque el amor que de buenas a primeras siente Sakura por Kafka, y él para ella, es de hermandad, o algo así.
Una vez que llega a la biblioteca, Kafka conoce a Oshima, un tipo que no aporta nada de extra a la historia, y que sirve sólo para darle cierta coherencia o soporte a la historia (estamos hablando de un aborrecente de quinceaños que anda con una cantidad de dinero que no será eterna, y que no sabe ni qué fregados tiene que hacer, ni tiene dónde quedarse, ni nada de eso). Aquí, Oshima viene al rescate de lo obvio de la historia. Le ofrece un lugar donde quedarse: una cabaña muy retiradita de la ciudad, cerca de un bosque que será la ambientación perfecta para irse a la otra dimensión.

A la par de que se cuenta los pasos de Kafka, tenemos a Nakata. Este personaje me pasó a gustar, hablando honestamente. Por supuesto, también, no se sabe ni qué pedo con Nakata, pero bueno, digamos en hipótesis que eso de abrir la puerta a otra dimensión, por métodos desconocidos para los mortales (es decir, los comunes lectores, tal mi caso), pero siempre conocido por los personajes de la mente del escritor, sea cierto, pues Nakata le tocó la mala suerte de darse un chingadazo con aquella puerta y le tocó la peor parte: se quedó en este mundo y con la cabeza vaciada. En otras palabras, el niño que fue él hasta los nueve años, se pierde, y se transforma en un niño estúpido, que no recuerda nada, que no sabe leer ni escribir, y que de cosas abstractas no entiende ni madres. Sin embargo, como premio de consolación, por así decirlo, Nakata recibe el singular don de hablar con los gatos. Y así es como ha vivido el viejo Nakata toda su vida, sin amigos humanos, sólo, amigos gatos.
La historia se va enlazando poco a poco entre Kafka y Nakata aunque nunca se lleguen a conocer. Yo no entendí qué relación tenían esos dos, pero digamos que Nakata era como la marioneta del destino, y termina haciendo aquello para ayudar a que el destino de Kafka se realice tal y como el destino quiere.
Me saltaré de cómo Nakata ha quedado tonto y ha ganado su don de hablar gatuno (esa parte, vale la pena leerla, aunque lamentablemente, no tenga al final, su peso debido como para darle un hermosa conclusión). Pero a partir de ahí, Nakana deja de ser una persona normal, y de eso se llega enterar de alguna manera que no se explica, el malvadísimo come corazones de gatitos de Jonnhie Walken. En la otra dimensión, el padre de Kafka, es decir ese tal Jonnhie (que yo me lo imagino algo así como Jonnhy Deep en "Charlie y la fábrica de chocolates"), es un tipazo malo que por muchos y muchos años ha podido vivir comiéndose los corazones de los gatos, y que con esa energía que les roba, ha llegado a hacer muchas flautas especiales. ¿Qué hacen las flautas? Pues ni me lo preguntes, hubiera sido bueno que Jonnhie Walken se dedicara a la venta de flautas porque al parecer pues tenía muchas, al menos eso tendría un poco de sentido. Pero el caso es que él tiene sus flautas, que el lector nunca sabrá para que coñazos las usa ni cómo suenan ni nada de nada. Y Jonnhie Walken quiere más y más flautas. Pero ya se cansó de tener que seguir comiendo eternamente corazones de gatos, y su mente perversa ya ha pensado en que debe conseguir una flauta gigantesca pero con almas humanas. Todo su plan se lo cuenta a Nakata con la intensión de provocar su ira y así incitarlo a que él lo mate. Sí, quizás muerto él se haga más poderoso, aunque por supuesto, pues eso el lector nunca tendrá en claro qué pitos tocó en la historia ese Jonnhie Walken, o quién fue en realidad ese tipo.
Nakata lo mata como es esperado y de pronto, la fuerza del destino se apodera de él y le manda señales de que debe ir a a Takamatsu a dos asuntos principalmente: abrir la puerta a la otra dimensión para que Kafka tenga una última oportunidad de hablar con la señora Saeki y escuchar de su voz qué puñetera cosa debe hacer con su joven vida. Y el otro asunto es... por supuesto, quemar las montañas de hojas que la señora Saeki escribió a lo largo de su vida (y que si el lector hubiera leído tendría un poco más de noción de qué fregados pasó en esta historia que más bien parece una pintura de Miró hecha palabra).
Aquí es interesante recalcar cómo el destino o lo que haya sido esa cosa, toma diferentes aspectos. El que más resalta es por supuesto, el coronel Sanders, el viejo con piocha que usan los KFC como logotipo. Y ya para casi terminar la historia, el destino o lo que haya sido ese ente que "no era Dios, ni buda" hace hablar un gato, para que Hoshino, el trailero de 25 años que de buenas a primeras quiso ayudar a Nakata en su misión, entendiera lo último que debía hacer.

A grandes rasgos es esta la historia. Me gusta cómo Murakami hace robar la atención del lector, pero termino odiando su inconsistencia en la historia. Sus libros llevan la lógica de Murakami, es como ver las actuaciones de Pedro Infante, aunque sea diferente película, uno termina diciendo: ah, es Pedro Infante.
Hubo buenos elementos, pero pierde pisada ya casi después de la mitad de la novela.

1 comentario:

Wins Caballero dijo...

¿Y te atreves a burlarte de mi "talismán"? @_@ no puedo creer lo loco que es esta historia. ¡No manches no entendí porque se come a los gatos! Okey, el siguiente libro de este señor, espero que hable de marcianos normales.
XDDDD Excelente descripción!!!

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