Hasta pareciera hecho a propósito ayer, en el Día Internacional del Libro, terminé esta ligera novela de Anne Rice "Lestat, el vampiro". Ha sido el primer libro que leo en el recién comprado y estrenado Kindle de Amazon. La novela la compré en tan sólo 3 dólares (no está mal, creo). Y la mayor parte del tiempo la leí en las vueltas en el tren.
Hubo ciertos pasajes del libro que me gustaron, y éste fue uno de ellos. Después de que Lestat y Gabrielle se entrevistan con el vampiro Armand, líder de la asamblea de "Los hijos de las tinieblas", Lestat queda inmerso en miles de pensamientos sobre su naturaleza e identidad "vampirezca". Sin embargo, Gabrielle llega a otras conclusiones más radicales que asombran incluso disgustan a su hijo.
—Cuando el mundo del hombre se hunda en ruinas, la belleza se impondrá. Volverán a crecer los árboles donde había calles; las flores cubrirán de nuevo el prado que hoy es un rancio tenderete de barrancas. Éste será el propósito del amo satánico: ver crecer las hierbas silvestres y ver cómo el bosque tupido cubre todo rastro de las ciudades que un día fueron enormes hasta que nada quede de ellas.
—¿Y por qué llamas a todo eso satánico? —quise saber—. ¿Por qué no llamarlo caos? Eso es lo que sería.
—Porque así es como lo llamarían los humanos. Fueron ellos quienes inventaron a Satán, ¿no es así? Satánico no es más que el calificativo que dieron al comportamiento de aquellos que perturbaban el orden en el que quería vivir los hombres.
—No lo entiendo.
—Pues utiliza tu mente sobrenatural, hijo mío de ojos azules y de cabellos de oro, mi hermoso «matalobos». Es muy posible que Dios hiciera el mundo como dijo Armand.
—¿Es esto lo que has descubierto en los bosques? ¿Te lo han revelado las hojas de los árboles?
Gabriell se echó a reír.
—Desde luego, Dios no es necesariamente antropomórfico —respondió a continuación—. Ni lo que, en nuestro colosal egoísmo y sentimentalismo, llamaríamos «una persona decente». Pero probablemente existe un Dios. Satán, en cambio, fue una invención humana, un modo de denominar a la fuerza que busca derribar el orden civilizado de las cosas. El primer hombre que elaboró unas leyes (fuera de Moisés o algún antiguo rey Osiris egipcio), ese legislador creó al diablo. El diablo es el que tienta al hombre a quebrantar las leyes, y nosotros somos realmente satánicos por cuanto no seguimos ninguna ley para la protección del hombre. Entonces, ¿por qué no saltárnoslas todas? ¿Por qué no provocar un incendio que consuma todas las civilizaciones de la Tierra?
Me sentía demasiado asombrado para responder.
—No te preocupes —añadió Gabrielle con una carcajada —, yo no pienso hacerlo. Pero creo que sucederá en las décadas futuras. ¿No crees que alguien lo hará?
Nos gusta leer y muchas veces encontramos líneas interesantes que queremos recordar después...
jueves, 24 de abril de 2014
miércoles, 23 de abril de 2014
Día internacional del Libro
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| Algunos pocos libros que pude traerme a Tokio. |
Desde siempre el ser humano ha tenido esa necesidad de compartir lo que pasa por sus cabezas. Luego, documentar los hechos, dejar por escrito cómo pasaban sus días. Los libros ayudaron a ello, como una especie de "video" omnipresente que iba más allá de todo. A pesar de que la tecnología actual ha avanzado impresionantemente y seguirá haciéndolo el libro todavía sigue siendo un medio "tecnológico" por excelencia para seguir compartiendo nuestros pensamientos, historias y vidas.
Hoy, 23 de abril, se celebra el Día Internacional del Libro.
jueves, 17 de abril de 2014
Teatro mágico
Por siempre, el autor favorito de Wins y su servidora ha sido el novelista alemán Hermann Hesse. Sin embargo, Wins y yo siempre divergíamos en gustos. Muchas veces Wins expresó que su libro favorito era "Demian" y más recientemente "El juego de abalorios" (que por cierto, este libro fue uno de los últimos regalos que me hizo).
No sé por qué, quizás por la "loquera" explícita del pobre Harry Haller, la obra de Hesse que se hizo favorita mía fue "El lobo estepario".
No suelo usar este blog (y siendo honesta, ningún otro medio) para expresar mi estado anímico pero hoy quebrantaré esta tácita regla y confesaré que de un tiempo para acá, desde que Wins tuvo que partir, me he sentido entre loca, melancólica, rara y estrafalaria.
Ayer mientras comía en la pequeña cocina de mi departamento miraba fijamente la puerta de la entrada y vino a mi mente aquella inscripción que Haller encontró casualmente en sus paseos nocturnos. Y se me antojó que la puerta donde colgaba aquella inscripción era esta misma que estaba viendo. Con ganas de abrir la puerta del teatro mágico y encontrar a Wins ahí adentro leyendo su juego de abalorios.
No sé por qué, quizás por la "loquera" explícita del pobre Harry Haller, la obra de Hesse que se hizo favorita mía fue "El lobo estepario".
No suelo usar este blog (y siendo honesta, ningún otro medio) para expresar mi estado anímico pero hoy quebrantaré esta tácita regla y confesaré que de un tiempo para acá, desde que Wins tuvo que partir, me he sentido entre loca, melancólica, rara y estrafalaria.
Ayer mientras comía en la pequeña cocina de mi departamento miraba fijamente la puerta de la entrada y vino a mi mente aquella inscripción que Haller encontró casualmente en sus paseos nocturnos. Y se me antojó que la puerta donde colgaba aquella inscripción era esta misma que estaba viendo. Con ganas de abrir la puerta del teatro mágico y encontrar a Wins ahí adentro leyendo su juego de abalorios.
viernes, 4 de abril de 2014
Libertad
No señor, estaba encerrado en la Aurora House y punto. Un reloj sin manecillas. «¡Libertad!» es la cantinela más necia de nuestra civilización, pero sólo quienes se ven privados de ella tienen una mínima idea de lo que significa.
"El atlas de las nubes"
David Mitchell
Duomo Ediciones
Barcelona, 2012
p. 421
"El atlas de las nubes"
David Mitchell
Duomo Ediciones
Barcelona, 2012
p. 421
miércoles, 2 de abril de 2014
Euforia y el Jabón
Llegué a "El atlas de las nubes" por la película. En la película la parte que más me impactó fue cuando Somni descubre el "rastro" a donde iban a parar sus hermanas fabricadas y cómo era fabricado el sabroso "Jabón" que comía. El siguiente fragmento se ubica en esa parte.
Hae-Joo sacó del armario un par de monos de operario y dos semivisores; nos los pusimos, y los cubrimos con las capas para no despertar las sospechas de las caseras. Fuera hacía frío para lo avanzado de la estación, y me alegré de ir tan abrigada. Cogimos el metro hasta la terminal del puerto y luego nos subimos a una cinta transportadora que llevaba hasta el muelle, pasando junto a los grandes navíos transoceánicos. El mar nocturno era negro como el petróleo; uno de los barcos, sin embargo, ostentaba un par de luminosos arcos dorados y parecía un palacio submarino. Ya lo había visto, en una vida anterior.
-El arca de oro de Papa Song -exclamé, y le expliqué a Hae-Joo que era el barco que llevaba a las sirvientas de doce estrellas a Euforia, en Hawái.
(...) Había unos focos muy brillantes colgados de la pasarela; desde abajo, éramos invisibles. Además, no éramos intrusos, sino técnicos ocupados en tareas de mantenimiento.
La siguiente bodega era, en realidad, una celda cerrada. Encima de un estrado había una silla de plástico; de un monorraíl del techo colgaba un aparatoso casco, justo encima de la silla. Tres risueños Asistentes vestidos de rojo acompañaron a la fabricada hasta la silla. Uno de ellos le explicó que el casco le extraería el collar, tal y como prometía el Décimo Catecismo.
-Gracias, Asistente -farfulló emocionada la fabricada-. ¡Muchas gracias! Colocaron el caso en la cabeza de la Somni y se lo ajustaron al cuello; en ese momento, me fijé en el número de puertas de la celda. La conclusión me heló la sangre.
¿Qué tenía de extraño?
Solo había una puerta: aquella por donde había entrado la Somni. Sólo una. ¿Por dónde habían salido las precedentes? Un chasquido seco procedente del casco me hizo dirigir de nuevo la atención al estrado; la sirviente se desplomó con los ojos en blanco; el cable que conectaba el mecanismo del casco con el monorraíl se tensó de golpe; el casco comenzó a elevarse; la sirviente se enderezó; el cable a levanto de vilo. El cuerpo oscilaba en el aire; la sonrisa de entusiasmo que la muerte le fijó en el rostro se crispó a medida que la piel de la cara sostenía parte del peso. Un operario aspiró la manche de sangre de la silla; otro la limpió totalmente. El monorraíl transportó la carga en paralelo a nuestra pasarela, atravesó una cortina y entró en la siguiente bodega. Otro casco descendió sobre la silla de plástico, donde tres Asistentes acomodaban ya a la siguiente sirviente emocionada.
Hae-Joo me susurró al oído:
-A ésas no puedes salvarlas, Somni. Ya estaban condenadas cuando subieron a bordo.
No era del todo exacto; en realidad, estaban condenadas desde el uterotanque.
Otro chasquido: el casco arrastrando su carga. Esta vez era una Yoona.
No hay palabras que alcancen a describir el horror de aquel lugar; si no lo has presenciado es inconcebible.
Seguimos gateando hacia una cortina insonorizante. Los cascos transportaban los cadáveres a otra bodega iluminada con una luz violeta; al pasar por la cortina, la temperatura bajó de golpe; el fragor de la maquinaria era ensordecedor.
A nuestros pies apareció un matadero con una cadena de producción automatizada que no sé cómo se llaman.... Figuras empapadas de sangre de la cabeza a los pies, como si fuesen estampas sádicas del infierno. Aquellos demonios cortaban collares, desgarraban ropas, raspaban folículos, arrancaban la piel, amputaban manos y piernas, rebanaban carne, extraían vísceras... Tuberías de desagüe aspiraban la sangre.... El estruendo era descomunal.
Pero.... ¿por qué? ¿Qué sentido tenía semejante... carnicería?
La industria genómica precisa de una cantidad enorme de biomateria licuada para los uterotanques, pero, sobre todo, para el Jabón. ¿Qué medio más económico para obtener esa proteína que reciclar a las fabricadas a la conclusión de su vida productiva?
Además, las restantes "proteínas recuperadas" son utilizada por el Papa Song en la elaboración de los productos alimenticios que sirve a sus clientes en los restaurantes que tiene repartidos por toda Nea So Copros.
"El atlas de las nubes"
David Mitchell
Duomo Ediciones
Barcelona, 2012
Hae-Joo sacó del armario un par de monos de operario y dos semivisores; nos los pusimos, y los cubrimos con las capas para no despertar las sospechas de las caseras. Fuera hacía frío para lo avanzado de la estación, y me alegré de ir tan abrigada. Cogimos el metro hasta la terminal del puerto y luego nos subimos a una cinta transportadora que llevaba hasta el muelle, pasando junto a los grandes navíos transoceánicos. El mar nocturno era negro como el petróleo; uno de los barcos, sin embargo, ostentaba un par de luminosos arcos dorados y parecía un palacio submarino. Ya lo había visto, en una vida anterior.
-El arca de oro de Papa Song -exclamé, y le expliqué a Hae-Joo que era el barco que llevaba a las sirvientas de doce estrellas a Euforia, en Hawái.
(...) Había unos focos muy brillantes colgados de la pasarela; desde abajo, éramos invisibles. Además, no éramos intrusos, sino técnicos ocupados en tareas de mantenimiento.
La siguiente bodega era, en realidad, una celda cerrada. Encima de un estrado había una silla de plástico; de un monorraíl del techo colgaba un aparatoso casco, justo encima de la silla. Tres risueños Asistentes vestidos de rojo acompañaron a la fabricada hasta la silla. Uno de ellos le explicó que el casco le extraería el collar, tal y como prometía el Décimo Catecismo.
-Gracias, Asistente -farfulló emocionada la fabricada-. ¡Muchas gracias! Colocaron el caso en la cabeza de la Somni y se lo ajustaron al cuello; en ese momento, me fijé en el número de puertas de la celda. La conclusión me heló la sangre.
¿Qué tenía de extraño?
Solo había una puerta: aquella por donde había entrado la Somni. Sólo una. ¿Por dónde habían salido las precedentes? Un chasquido seco procedente del casco me hizo dirigir de nuevo la atención al estrado; la sirviente se desplomó con los ojos en blanco; el cable que conectaba el mecanismo del casco con el monorraíl se tensó de golpe; el casco comenzó a elevarse; la sirviente se enderezó; el cable a levanto de vilo. El cuerpo oscilaba en el aire; la sonrisa de entusiasmo que la muerte le fijó en el rostro se crispó a medida que la piel de la cara sostenía parte del peso. Un operario aspiró la manche de sangre de la silla; otro la limpió totalmente. El monorraíl transportó la carga en paralelo a nuestra pasarela, atravesó una cortina y entró en la siguiente bodega. Otro casco descendió sobre la silla de plástico, donde tres Asistentes acomodaban ya a la siguiente sirviente emocionada.
Hae-Joo me susurró al oído:
-A ésas no puedes salvarlas, Somni. Ya estaban condenadas cuando subieron a bordo.
No era del todo exacto; en realidad, estaban condenadas desde el uterotanque.
Otro chasquido: el casco arrastrando su carga. Esta vez era una Yoona.
No hay palabras que alcancen a describir el horror de aquel lugar; si no lo has presenciado es inconcebible.
Seguimos gateando hacia una cortina insonorizante. Los cascos transportaban los cadáveres a otra bodega iluminada con una luz violeta; al pasar por la cortina, la temperatura bajó de golpe; el fragor de la maquinaria era ensordecedor.
A nuestros pies apareció un matadero con una cadena de producción automatizada que no sé cómo se llaman.... Figuras empapadas de sangre de la cabeza a los pies, como si fuesen estampas sádicas del infierno. Aquellos demonios cortaban collares, desgarraban ropas, raspaban folículos, arrancaban la piel, amputaban manos y piernas, rebanaban carne, extraían vísceras... Tuberías de desagüe aspiraban la sangre.... El estruendo era descomunal.
Pero.... ¿por qué? ¿Qué sentido tenía semejante... carnicería?
La industria genómica precisa de una cantidad enorme de biomateria licuada para los uterotanques, pero, sobre todo, para el Jabón. ¿Qué medio más económico para obtener esa proteína que reciclar a las fabricadas a la conclusión de su vida productiva?
Además, las restantes "proteínas recuperadas" son utilizada por el Papa Song en la elaboración de los productos alimenticios que sirve a sus clientes en los restaurantes que tiene repartidos por toda Nea So Copros.
"El atlas de las nubes"
David Mitchell
Duomo Ediciones
Barcelona, 2012
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