sábado, 29 de enero de 2011

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas

Personajes en el Wonderland: Bob Dylan, la gorda, el abuelo, la bibliotecaria, los semióticos, los tinieblos, el Sistema, la Factoría, el gigantón, el hombrecillo, la chica que le rentó un coche, y la chica que fue compañera en la universidad (sólo mencionada).
Personajes en el Fin del Mundo: Bob Dylan (sin saber que es Bob Dylan), la sombra de Bob Dylan, las bestias, el guardián, el viejo vecino, la bibliotecaria, la madre de la bibliotecaria (sólo mencionada), el tipo de la central eléctrica.

En el fin del mundo no hay música. Pero es una ciudad perfecta. Nadie muere, nadie enferma. Todos hacen sus labores por hacerlas, labores puras. Nadie tiene sombra. Nadie tiene ego. Las bestias son las que se encargan de deshacerse de esos egos, al parecer, inútiles en el fin del mundo.
Nadie tiene corazón. Pero es una ciudad perfecta. Perfecta para un hombre solitario y sencillo pero con una existencia sin sabor (es sin duda, el clásico personaje repetitivo en la literatura de Murakami. Me han dicho que este elemento es bastante gustado a los japoneses, ¿será?).
Y en el país de las maravillas hay un científico chiflado y sin ética que ha hecho que Bob Dylan haya ido a parar al fin del mundo.
Este hecho es sabido ya para el capítulo 27 (el libro contiene 40). Y desde el 27 sabemos cuál es el final de la historia. La pregunta que me hago es ¿algún día encontrará Bob Dylan una razón para abandonar el fin del mundo? Y si fuera así, ¿qué razón sería? Porque, al parecer, ni el amor es razón vasta para querer permanecer en el mundo que todos conocemos.

martes, 25 de enero de 2011

Agujero

Al llegar la hora del almuerzo, los ancianos por fin dejaron de trabajar y volvieron a la Residencia Oficial. Arrojaron al suelo palas y pico y allí se quedaron.
Sentado en una silla junto a la ventana, yo contemplaba el agujero desierto cuando mi vecino, el coronel, llamó a la puerta. Llevaba el grueso abrigo de siempre y una gorra de trabajo con visera calada hasta las cejas. En el abrigo y en la gorra llevaba adheridas diminutas motas del polvo de nieve.
—Parece que esta noche va a nevar de lo lindo, ¿eh? —dijo—. ¿Traigo la comida?
—Se lo ruego. —dije.
Unos diez minutos más tarde regresó con una olla y la depositó sobre la estufa. Después, igual que los crustáceos que, al llegar la estación, van desprendiéndose de sus caparazones, fue quitándose con cuidado la gorra, el abrigo y los guantes. Por último, se pasó los dedos por el pelo blanco alborotado, se sentó en una silla y suspiró.
—Siento no haber podido venir a desayunar —dijo—. He estado tan ocupado desde primera hora de la mañana que aún no he tenido ni tiempo para comer.
—¿Usted no estaba cavando el agujero?
—¿El agujero? ¡Ah, ese agujero! No, ésa no es tarea mía. No es que me disguste cavar la tierra, pero no —dijo soltando una risita—. Yo he estado trabajando en la ciudad.
Cuando la olla estuvo caliente, distribuyó la comida en dos platos y los depositó sobre la mesa. Era un estofado de verduras con fideos. Se lo comió con apetito, soplando para que se enfriara.
—¿Y para qué es ese agujero? —le pregunté al coronel.
—Para nada —contestó llevándose la cuchara a la boca—. Lo han cavado por cavarlo. En este sentido, es un agujero puro.
—No lo entiendo.
—Es muy simple. Les apetecía hacerlo. Es su única finalidad.
Mastiqué el pan mientras reflexionaba sobre el agujero puro.
—De vez en cuando cavan un agujero —contó el anciano—. Puede que, en el fondo, sea lo mismo que mi pasión por el ajedrez. No tiene sentido, no lleva a ninguna parte. Pero eso no importa. Nadie necesita que tenga un sentido, nadie desea llegar a ninguna parte. Nosotros, aquí, abrimos un agujero puro tras otro. Actos sin finalidad, esfuerzos sin progreso, pasos que no conducen a ninguna parte, ¿no te parece maravilloso? Nadie resulta herido, nadie hiere. Nadie adelanta, nadie es adelantado. Sin victoria, sin derrota.

"El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas"
Haruki Murakami
TusQuets Editores, 2009
p. 378

lunes, 24 de enero de 2011

Eternidad

—Y después del cambio, ¿la conexión A se transformará, aparecerá un mundo distinto y yo viviré en él? ¿Y no puedo hacer nada para evitar este cambio? ¿Debo quedarme esperando con los brazos cruzados?
—Me temo que sí.
—¿Y hasta cuándo durará ese mundo?
—Para siempre —dijo el profesor.
—No lo entiendo. ¿Cómo puede durar para siempre? El cuerpo tiene sus límites. Y si el cuerpo muere, también muere el cerebro. Y si el cerebro muere, se acaba la conciencia, ¿no es así?
—No. En el pensamiento, el tiempo no existe. Ahí radica su diferencia con los sueños. En el pensamiento es posible abarcarlo todo en un solo instante. También se puede experimentar la eternidad.

"El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas"
Haruki Murakami
TusQuets Editores, 2009
p. 340-341

lunes, 17 de enero de 2011

性欲

性欲は正しいエネルギーです。

世界の終りとハードボイルド・ワンダーランド
村上 春樹

domingo, 16 de enero de 2011

Veinticinco años

Las personas no pueden corregir sus defectos. Las tendencias del ser humano se consolidan antes de los veinticinco años, aproximadamente, y después, por más esfuerzos que uno haga, no puede cambiar, en lo esencial, su naturaleza.

"El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas"
Haruki Murakami
TusQuets Editores, 2009
p. 188

Lectores